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domingo, 24 de julio de 2016

¿MAESTRO: VALORES O TECNOLOGÍA?


Estimados lectores, mi saludo cordial en el nombre de Cristo.
Me es grato compartir con ustedes, esta frase muy cierta “Cualquiera que recuerda su propia experiencia educativa se acuerda de sus profesores, no de los métodos y técnicas. El profesor es la persona clave de la situación educativa. Él hace y deshace programas" - Sydney Hook.

Los maestros tenemos un rol muy delicado frente a nuestros estudiantes, no sólo consiste en acumular conocimientos, técnicas o métodos, porque a quien nos dirigimos no son máquinas, sino son personas con sentimientos, con dignidad; por lo tanto necesitan de nosotros los maestros, que lleguemos a lo más profundo de su ser, conocer sus necesidades espirituales, emocionales, afectivas, sociales, y es en el diálogo donde encontraremos respuestas. No será fácil, es un reto, pero solo así mantendremos motivados, interesados a nuestras estudiantes por aprender para la vida y hacer de ellos hombres y mujeres con dignidad, con amor propio y para los demás, sensibles al respeto de la dignidad que todo ser humano se merece desde el momento de la concepción. Es importante hacer uso de la innovación, creatividad, autonomía, pero creo que para imitar al Maestro de maestros nos hace falta algo muy importante: "SER COHERENTES CON LO QUE DECIMOS Y HACEMOS" y es esta la razón por la cual me preocupa el futuro de mis estudiantes como maestra, de mis hijos como madre y de la sociedad como parte que formo de ella. Reflexiono y miro al mundo lo que está pasando, no muy lejano, sino a mi alrededor, juventud desafiante con sus padres, rebeldes, violentos y más aún la secularización que busca apartar al hombre de Dios, propugnando que no existe la vida eterna y que debemos vivir un libertinaje. Reflexionemos “Dios es, Dios de vivos y no de muertos” Lc.20, 27-38. Qué clase de juventud estamos formando hoy. Existen unas preguntas por responder: ¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos? Y a ¿Dónde de vamos?

Scott Walter. Afirma: “El niño problemático de nuestros días puede ser blanco, vivir en un hogar de clase media o clase media alta, tener menos ,mucho menos de 16 años y puede incluso ser una niña”, avizoremos lo que nos dice la palabra de Dios 2Tim.3,1-5.  Y nos seguimos cuestionando, que clase de joven se forma en las aulas, sólo me dedico a instruir, formo hombres instrumentales, robóticos y por ello recibo aplausos, reconocimientos, descuidando la parte fundamental, el respeto así mismo, a la dignidad. Es un reto verdad, si elegí ser maestro por convicción, vocación o por cosas de la vida, hoy debo recordar con tristeza que ya no hay un Gandy, Martin Luther King, Nelson Mandela, quienes a través del pensamiento y la acción han marcado una diferencia y cambiado nuestro mundo. Ellos son los más grandes líderes políticos y espirituales, hombres íntegros que sí merecen llamárseles maestros, dieron y entregaron su amor por los demás.
En la sociedad hay excelentes y geniales profesionales, de los cuales entre comillas nos sentimos orgullosos por su trayectoria, sin embargo, existen millones de abortos, han destruido su familia con la separación o divorcio, producto de ello estudiantes con inestabilidad emocional, autoestima baja, maltrato a la mujer, niños o ancianos, en los hospitales maltrato a los enfermos por ende en la sociedad existe un sin número de complicaciones.
Que reto más grande para los maestros: ser coherentes con lo que decimos y hacemos. Hoy el uso de la tecnología nos hace sentir creadores de historia, bien, también creo en ello, pero asumo mi responsabilidad y estoy convencida que sin el amor de Dios en nuestra vida, es un vacío y el mundo con técnicas o métodos no cambiará, aquello sucederá cuando todos seamos conscientes del rol que hemos elegido, el ser MAESTROS, siendo coherentes con nuestros actos, siendo ejemplos con actitudes y no con palabras.
             “Maestros en unión, voluntad y compromiso, cambiará el mundo”
                                                     Gracias
                                                                       Hasta pronto

                                                                                         Viana Cecilia